LAS TRES PALABRAS QUE ABREN LAS PUERTAS

El título de esta entrada a simple vista puede parecer como uno de esos títulos mágicos en el que esperamos que nos den la receta milagrosa para que se nos abran las puertas. Pero las puertas ¿de dónde?, ¿para qué?, y ¿con qué fin?

Lejos de recetas milagrosas, de teorías cuánticas o de descifrar un códice en latín de San Millán de la Cogolla las frases o palabras para abrir las puertas son de acceso cotidiano para todos nosotros. Entonces, ¿por qué no se nos abren las puertas?, o peor aún ¿por qué no las utilizamos? Seguramente en cada uno de nosotros habiten razones diversas y esperemos que después de esta reflexión cada cual pueda cuestionárselo.

GRACIAS. Ser agradecido es vital para nuestra felicidad. Cada vez que agradecemos algo estamos dejando espacio a ver lo que sí hay, estamos poniendo el foco en lo que está y en lo beneficioso que es para nosotros y para el otro. Estamos pudiendo ahí reconocer lo que la vida o alguien dos da. Gracias a alguien o algo, nosotros estamos donde estamos, y seguramente, incluso en momentos muy difíciles podamos ver aspectos por los cuáles estar profundamente agradecidos. Cuando uno es agradecido abre un espacio en su alma y en el alma de los demás. Las personas que nos rodean reciben su lugar, se sienten valoradas y creamos fuertes vínculos. En realidad, si nos paramos a pensar ya solo con que salga el sol cada mañana es un regalo. Todo en la vida es un regalo, es más, la propia vida es un regalo de nuestros padres y del misterio de la propia naturaleza. Ser agradecidos tiene un impacto fuerte en nuestra vida y en la vida de los que nos rodean tanto a nivel personal como profesional, y por supuesto en nuestra salud, ya que reducimos nuestra ansiedad y descansamos mejor. Con nuestra actitud de agradecimiento fomentamos mucho bienestar a nuestro alrededor y en nosotros mismos. Desde ahí veremos el mundo con una perspectiva más optimista y fructífera. Así mismo, es necesario poder recibir ese agradecimiento y hacerle un lugar en nuestro ser. Tan vital es darlo como recibirlo. Necesitamos de ese bello equilibrio del dar y el recibir. Entonces, ¿qué nos impide ser agradecidos con los regalos que la vida nos da y con la gente que nos rodea? ¿Qué nos impide recibir el agradecimiento?

LO SIENTO. Poder expresar que lo sientes ayuda a restablecer la confianza allí donde ha sido rota por diversos motivos. A menudo solemos obviar el hecho de decir lo siento porque nos coloca en un lugar de vulnerabilidad y, si además nos llevamos mal con el hecho de cometer errores, pues decir lo siento ya se convierte en “voy a ver de qué manera restauro todo sin tener que pasar por ahí”. Asunto imposible, ya que la confianza no queda restaurada, aunque así lo parezca, ni el alma de las dos personas queda reconfortada. Expresar el sentir implica reconocer “me he equivocado, erré” y necesitamos una dosis de humildad además de valentía. Nunca sabemos qué nos van a responder, con lo cual existe un miedo implícito a la respuesta del otro. No sabemos si la otra persona está preparada en ese momento para hacerlo, quizás necesite su tiempo para cerrar la herida. No suele ser fácil expresarlo, pero al menos calma y sosiego traerá a nuestra vida.

Cuando digo “lo siento” en lugar de “perdón” tiene que ver básicamente con expresar lo que a mí me pasa con lo ocurrido, mientras que si digo “perdóname” pongo la pelota en el tejado de quien me tiene que perdonar, y puede que lo haga o no. No conviene además de herirle colocarle en el lugar de me tienes que perdonar. Quizás sea más conveniente un “lo siento” y ya veremos a ver qué hace el otro con esa expresión del corazón. Conviene dejarle su espacio para que pueda hacer su proceso. Lo que sí pasará es que nos sentiremos mejor con nosotros mismos, nos sentiremos liberados y libres de rencor y enfados enquistados. Dejaremos atrás lo sucedido y nuestra energía posiblemente dejará de ser de culpa o incluso de rencor y odio para quien es dañado. Estaremos listos para seguir nuestro camino. Entonces, ¿qué nos impide expresar sentir cuando dañamos al otro? ¿Qué nos impide poder soltar?

TE QUIERO. Poder expresar amor y afecto es profundamente sano y fructífero para nuestras relaciones. Nos pasamos la vida sin poder decirle “te quiero” precisamente a la gente que más queremos, nuestros padres, nuestra pareja, nuestros hijos y amigos. Cuántas veces escuchamos a conocidos quejarse de no haber dicho o recibido expresiones de afecto a sus seres queridos o procedentes de los mismos. La energía del amor es la más constructiva de todas ellas, además de creativa. Hasta en la vida profesional, donde aparentemente se reduce a lo laboral, necesitamos ser aceptados y queridos. Cuando un trabajador es reconocido y apreciado siempre es más resolutivo en su trabajo. Los seres humanos necesitamos saber que pertenecemos a algo, bien sea a sistemas afectivos o laborales e incluso, sociales y culturales.

Socialmente cuando hablamos de energía del amor lo traducimos en algo exclusivamente en el ámbito de la pareja y también es así, pero la energía del amor también tiene que ver con una profunda mirada de compasión, admiración y empatía hacía tus familiares, compañeros de trabajo, amigos, animales etc. Los hombres en muchos casos, hemos sido educados en la falta de expresión de sentimientos de amor y de dolor y, sin embargo, podemos crear mucha felicidad y bienestar en nuestro entorno aprendiendo a gestionar y expresar nuestras emociones.

Muchas personas dirían “así lo siento, no hace falta que lo exprese” o “ya sabe que le quiero”, y no hay quién lo discuta. Seguramente sea así, pero las personas necesitamos escucharlo y verlo traducido en gestos concretos que están muy lejos de ser exclusivamente materiales.

Expresar amor produce un alto grado de felicidad y armonía tanto en quien lo expresa como en quien lo recibe. Eleva nuestra autoestima y paz interior. Produce y da sentido a la vida. Crea y fomenta expansión. Alimenta el desarrollo y potencial de los seres humanos. Entonces, ¿qué te impide expresar afecto y amor? ¿Qué te impide decir “te quiero”?

Esta breve reflexión no pretende ser más que ser una introducción sobre estas tres palabras y el impacto tan potente que en nuestra vida tiene el uso de las mismas. Podríamos profundizar mucho más y lo haremos en próximas entradas de este blog, pero ya sólo con estas pinceladas podríamos preguntarnos: ¿quién tiene la llave para abrir las puertas de mi vida? ¿Qué me impide hacer de mi vida un espacio donde sea yo el que abra las puertas?

Los seres humanos queremos y necesitamos abrir las puertas del amor, la felicidad y la dicha. Y cuanto más las abramos, más amor, más felicidad y dicha nos reportará. Será como entrar en un viaje donde nos iremos nutriendo de lo que hemos sembrado y los frutos cada vez serán más abundantes y satisfactorios.

Como decía Oscar Wilde en De Profundis: ”No es posible conservar siempre en el corazón una víbora que se alimenta de uno mismo y levantarse cada noche para sembrar espinas en el jardín del alma”.

 

Miguel Ángel Alaejos

7 comentarios
  1. Gloria
    Gloria Dice:

    Me ha gustado muchísimo!!
    La distinción entre un,«lo siento» sincero y un «Perdóname»…Me ha abierto un mundo.
    Gracias por tus sensatas palabras.
    Y si, decir te quiero…A mis amigos, mis hijos, mi padres…reafirma el cariño y …queda dicho por si el mañana nos lleva a otro lugar a ellos o a mi. Al menos hoy te dije que te quería….
    Viva Mascoa. Gran equipo!

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  2. Merce
    Merce Dice:

    Gracias, lo siento y te quiero, tres bonitas palabras si se dicen con el corazón, que efectivamente nos harán ser más felices en esta vida
    Cada uno tiene la llave de su puerta, sólo uno mismo puede abrirla, aunque a veces se necesite ayuda para poder hacerlo

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  3. Belen
    Belen Dice:

    Me ha parecido interesante lo q dice el texto. Sin embargo a mi entender solo se queda en lo humano, no llega al nucleo central, segun mi opinion es reconocer q soy debil e imperfecto, un ser dependiente, necesitado de amor y perdon, y por mi fe solo puedo encontrar descanso en Jesus, que es Dios hecho hombre

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  4. Sara
    Sara Dice:

    Enhorabuena por la reflexión.
    Dar las gracias no suele generar problema, aunque debemos aprender a darlas cuando no se esperan, o cuando lo que se quiere agradecer no es un acto o una cosa que se recibe, sino una simple presencia en tu vida.

    Por otra parte, la distinción que haces entre decir ‘lo siento’ y ‘perdóname’ me ha hecho un click por dentro, nunca me lo había planteado de esa forma. Efectivamente, lo que más llena es pedir disculpas desde el sentimiento y el estado personal de paz, sin esperar nada más.

    ‘Te quiero’ son palabras mayores. No suele costar escribirlo pero mucho decirlo. Y no lo entiendo porque reconforta tantísimo decirlo, qué clavija interna nos impide hacerlo? O, al menos, más a menudo. Para mí es una cuestión a resolver pero me obligo a decirlo y cada vez costará menos, porque saldrá solo.

    Gracias.

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