SIEMPRE TOCA

 Si estás leyendo estas palabras es porque has osado venderme Lotería de Navidad, en cualquiera de sus endiabladas manifestaciones físicas: décimo, participación, rifa, cesta navideña, viaje fin de curso, donativo… Al recibir mi negativa, has pensado que detrás de mi cándida apariencia bonachona se esconde un miserable tacaño, o un ser asocial aislado del mundo exterior, o quizá un individuo insensible peleado con el espíritu navideño. O todo junto.

Apelo a este artículo para ahorrar saliva. Cambio las evasivas a mis perplejos amigos, vendedores de inalcanzables ilusiones efímeras, por estas reflexiones en voz baja sobre aforismos loteros.

Siempre toca. A alguien le tiene que tocar.

Por supuesto que sí.  Al adquirir un décimo, la probabilidad de que resulte premiado con el Gordo es del 0,001% (1 de 100.000). Del mismo modo, la probabilidad de sufrir un accidente mortal en carreteras españolas durante el Puente de la Constitución es del 0,0004% (1 de cada 250.000 desplazamientos). Si la equidad universal hubiera de otorgarme uno de estos obsequios, incluso contemplando su ponderación, vería más que aceptable renunciar a cualquiera de los dos desenlaces citados.

Pero, ¿y si nos toca a todos nosotros, y a ti no?

Creedme, eso no pasará. En cualquier caso, me alegraré mucho por vosotros. Me dejaré invitar a una comida suculenta, y quedaremos todos en equilibrio y armonía. Palabra de tacaño no premiado.

Pero, ¿y si sí?

No insistas, José Mota. Los dos sabemos que no te va a tocar.

Pero consideremos el “sí” como posibilidad (remooooooota). Te ha tocado una pila de millones. Felicidades. La emoción, la euforia, las burbujas de cava, desbordan tus orejas. No faltan tu cámara y micro para inmortalizar tu momento televisivo. Ni siquiera tus seres queridos, los de siempre, y los nuevos.

Al año siguiente, has pagado la hipoteca del piso y te has mudado a un chalete, te has comprado un deportivo nuevo, te has dado la vuelta al mundo (a partir del tercer día de bufet libre ya deseabas regresar a casa), y estás buscando pareja en el programa Quién Quiere Casarse con un Millonario. También notas que tu carácter ha cambiado, te has vuelto más desconfiado, o más ambicioso, o mezquino, o controlador… o más perezoso, o apático, quizá más desconsiderado… o más alejado de tu familia y amigos, excluido, distante… o un caratruño.

Más pronto o más tarde, en función de tu talla moral primigenia, tú mismo te formulas alguna de estas preguntas: ¿Es justo que yo tenga tanto dinero, y haya tantísima gente sumida en la pobreza? ¿Con qué méritos, con qué esfuerzo, qué he hecho yo realmente por conseguir este dinero? Y la más contundente de todas: ¿Por qué si tengo tanto dinero, no soy feliz?

La ilusión. El premio es compartir. El día de la Salud.

La Lotería de Navidad arranca oficialmente en verano y cuenta con todo el impulso y promoción de los medios, con campañas publicitarias, cobertura en los telediarios, programación exclusiva. Nos generan una burbuja navideña, apelan a nuestras emociones y sentimientos, y nos muestran un panorama de felicidad eterna, una manipulación desbocada que a mí me recuerda cuando nos hicieron creer que Madrid seríamos sede olímpica en 2.020, siendo las opciones reales estadísticas inferiores.

Podemos tomar consciencia de la existencia de esa gran burbuja emocional que representa la Lotería de Navidad, y a partir de ahí decidir voluntariamente si decidimos formar parte de ella y compartirla, o bien permanecer al margen, respetando y haciéndonos respetar.

Mi camino alternativo

Como reflexión inicial debo indicar que a mí ya me ha tocado la lotería: he nacido en España, mi piel es blanca, nunca me faltó alimento, ni pasé frío, tengo cuatro extremidades que manejo con voluntad plena, un par de niños que son primorosos; una infinita relación de atributos, tesoros y perspectivas que disfrutar.

Si deseas revisar la lista de premiados para comprobar si a ti también te ha tocado, basta con que pongas el telediario, sección internacional, para comprender que el azar nos ha hecho nacer dentro del 10% de la población mundial privilegiada.

El Coaching me ha enseñado a conocerme mejor, a tomar consciencia de las creencias y modelos mentales que rigen mis comportamientos, a reconocer mis bloqueos y prejuicios limitantes. Mi aspiración es poner foco en lo que tengo, en mis capacidades, en actuar de manera consciente y responsable. Comprendo y asumo que lo que deseo conseguir depende de mí, eludo el azar y factores exógenos. Cuando cometo un error lo percibo como un valioso aprendizaje, y cuando consigo avanzar un pasito en mi camino lo celebro con entusiasmo.

Mi deseo vital no es nadar en la abundancia económica. Tampoco es vivir sin presiones monetarias, pues he aceptado a convivir con ellas, es cuestión de nivelar los gastos en función de los ingresos obtenidos. Me visualizo en el futuro paseando con mis hijos, uno a cada lado, rodeándome con sus brazos sobre mi espalda, como en su día hizo el emérito Juan Carlos con el difunto Adolfo Suárez. Siento ahora la calidez de ese abrazo con mis hijos, la ternura de esa trinidad, la pureza del instante. Mi deseo vital, afortunadamente, no está dentro de un orondo y caprichoso bombo dorado.

Eternamente agradecido.

En contra de lo que puedas pensar, en el poco probable caso de que hayas leído hasta aquí, quizá te sorprenda descubrir que yo me considero un gran defensor de la Lotería de Navidad. Casi tan devoto e incondicional como el propio Montoro.

El primer sorteo de la Lotería de Navidad se celebró en el año 1.812 en Cádiz, en plena Guerra de la Independencia frente a la invasión de Napoleón, como impuesto recaudatorio para hacer frente a los costes de la guerra. Gracias a la Lotería de Navidad, se estima recaudar este año 2017 un total de 2.765 millones de euros, de los cuales 958 millones de euros (casi un 35%) pasarán a engrosar las arcas del Estado.

Mi gasto medio en Lotería de Navidad del último lustro es de 0 euros. Pese a los inconvenientes directamente generados por ello (perder amigos, recibir burlas o insultos, sufrir escraches en mi vivienda) me estoy beneficiando indirectamente de suculentos beneficios: padezco menor presión fiscal y obtengo prestaciones sociales más baratas (basuras, sanidad, seguridad ciudadana) porque las pagan otros. Además, no necesito superar la frustración derivada de no resultar premiado en la Lotería de Navidad.

 

Sergio Hinojosa

10 comentarios
  1. Mikel
    Mikel Dice:

    Qué buen artículo! He disfrutado mucho de su lectura y me voy a la cama sabiendo que no soy el único y que soy tremendamente afortunado. Gracias!

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  2. María González
    María González Dice:

    Admito aquí que nunca he comprado lotería de Navidad… creo recordar algún décimo vendido por estudiantes para el viaje de fin de curso.
    Me sumo al porcentaje de suertudos del que hablas.
    En mi caso No hay mayor suerte que la de conocerme y sentirme libre. Brindo por eso!
    Pd: tampoco he estado nunca en Toledo 😜

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  3. Victoria
    Victoria Dice:

    Genial el artículo y comparto tu punto de vista. Aunque reconozco que… algo compro en Navidad pero deseando que toque a alguien que de verdad lo necesite. Es decir, soy una cobarde y me rindo a la presión de los amigos 🙂

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  4. Victor F.
    Victor F. Dice:

    Jeje coincido en gran parte del mismo, especialmente en la de conocerse, adaptarse a las circunstancias y ser feliz con lo que tenemos, que cómo bien dices, es muchísimo. También en el tema de las probabilidades. Pero hay una parte que tiene su encanto que es compartir ilusión con tu gente, tu familia, amigos. No deja de ser una excusa ya que, aunque no debiera ser así, nos faltan excusas para eso y, al fin y al cabo, si te toca esta lotería tampoco te retiras. Igual no cancelas ni la hipoteca. Pero la sensación con tu grupo debe de ser brutal. Y lo más importante es que el día 23 ( día de la salud debido a ese bajo porcentaje) hace que mucha gente piense en lo importante del abrazo de tus hijos y en la suerte que tenemos de haber nacido a este lado del mundo

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  5. Eduardo
    Eduardo Dice:

    Muy interesante, me agrada saber que hay gente como tú que piensa de esa forma en lo referente al azar. Yo por el contrario soy uno del 99 % de españoles que gastan más de 100 euros en lotería de Navidad.
    Bueno que le vamos a hacer.. espero verte pronto ,, un abrazo.

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  6. Patricia
    Patricia Dice:

    Gracias por este interesante artículo. Me quedo con la fortuna que tengo!!! ¡Claro! Y me quedo con ella de corazón, disfrutando de esas pequeñas-grandes cosas que nos da la vida.

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  7. Ana
    Ana Dice:

    Interesante artículo y punto de vista. Aunque por supuesto me reconozco afortunada por lo que me ha tocado vivir y soy consciente de la suerte que tengo y de las pocas posibilidades de ser premiada, no puedo dejar de ilusionarme cada año con la lotería de Navidad, otra pequeña ilusión de la vida al fin y al cabo.. y juego cada año pensando que esta vez seguro me va a tocar. Cuenta con esa comida a partir del 23 de diciembre! Un abrazo

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  8. Sara
    Sara Dice:

    La Lotería de Navidad muchos la tomamos como momento de compartir; por una parte, compartir la ilusión de que puede tocar algo con gente que quieres y, por otra, lo que suele pasar casi siempre, la realidad de poder tomar un desayuno o una comida ‘gratis’ entre compañeros de décimo con lo que poco que casi siempre suele tocar. Precisamente este sorteo se caracteriza por estar muy repartido y pocas veces se gana como para poder jubilarte por fin. Lo mismo, compartir los premios.
    Una vez dicho esto estoy de acuerdo contigo en que la felicidad no la da el que nos toque la Lotería, ni siquiera a veces ayuda.
    La clave está en no perder ese norte, en disfrutar cada día como si fuera la bola premiada. Valorar lo que tienes, no esperar a que nos falte, respetar y reír mucho.
    Ah, y como me toque… pasearé abrazada a mis hijos igual pero sin hipoteca!.
    Gracias por la reflexión.

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  9. Marta
    Marta Dice:

    ¡Buena reflexión! ¿pero de verdad has tenido consecuencias fatales por no comprar lotería?, la gente es muy respetuosa o eso me parece a mí, no he sentido nunca ninguna presión para comprar. De hecho yo nunca compraba lotería y una vez hubo en mi trabajo un amago de ‘gordo’. Finalmente fue una equivocación pero tuve esa sensación de ‘les ha tocado a todos menos a mí’, no me gustó nada, era agridulce total y me hacía sentir mal. Desde entonces compro el número del trabajo y solo ese, porque si toca, quiero levantarme y saltar con todos los demás. Y mientras toca o no toca, a disfrutar de la enorme suerte que tenemos por estar aquí.

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