TODOS PODEMOS SER BILLY ELLIOT

Everington Boys Club, un espacio para desarrollar una actividad extraescolar paralela al colegio en un barrio cualquiera del ancho mundo. Un espacio que como su propio nombre indica es para chicos. Unos guantes de boxeo, heredados de padres a hijos como vínculo entre los varones de la familia en sus distintas generaciones. Un chico de apenas 10 años luchando en un ring acongojado por la falta de interés por la actividad, la mirada de su contrincante, su entrenador y la de su padre: “Billy Elliot, eres una deshonra para esos guantes, tu padre y la tradición de este gimnasio de boxeo”.

Al otro lado de la sala una profesora de ballet con unas niñas vestidas con sus tutús y sus zapatillas de ballet practicando el pas de bourreé agarradas a una barra de ensayo. ¿Qué tiene de malo el ballet? Una pregunta de respuesta elaborada por nuestra cultura patriarcal expresada con total rotundidad en boca de su progenitor “… para las chicas, Billy. No para los varones. Los varones practican el fútbol o el boxeo, o la lucha libre”.

La sociedad, padres, hermanos, pareja y amigos pueden esperar algo de nosotros. Pueden esperar que seamos de una determinada manera de ser, quizás esperan que cubramos sus expectativas, sueños no cumplidos, patrones de conducta establecidos como si el guion de nuestras vidas estuviera cerrado a ello. Quizás deseen que seamos leales a sus maneras de ver el mundo para mantenernos en supervivencia como sistemas. Quizás quieran la comodidad que supone el dejarse llevar sin plantearse aspectos que tienen que ver con lo profundo de nuestro ser. Quizás exista la necesidad de no romper nada porque para los demás está bien como está, o quizás simplemente ven el mundo desde su perspectiva. El asunto es: ¿está bien para ti así? Está claro que para Billy Elliot, no.

Billy Elliot vibraba con la música y la danza. Su cuerpo y alma le pedían danzar aún a riesgo de ser tachado de marica y otras lindezas utilizadas para todos aquellos que son diferentes y se salen de la norma de lo que tiene que ser o está aceptado como válido. “El ballet es normal, padre” es la creencia que el niño Billy Elliot tiene que incorporar para poder escuchar el latir y sentir de su alma. Rompe creencias personales y sociales, salta barreras económicas y de clase social. La calle le sirve de escenario, el gimnasio de lugar de ensayo y un libro robado, su libro de cabecera. Su arte es su salvavidas para salir de un mundo inerte y ausente de futuro. Usando sus palabras, su danza le hace sentir: “… que me olvido de todo y es como desaparecer, como sentir un cambio en todo mi cuerpo. Es como si hubiese un fuego en mi cuerpo. Allá estoy volando como un ave, como electricidad”

A lo largo de todo el film observamos las constantes humillaciones, insultos y situaciones conflictivas que Billy Elliot tiene que saltar para seguir su impulso natural. Gracias a ese nuevo modo de observar la realidad en contacto con su autenticidad y esencia personal se le abrirá todo un mundo de posibilidades infinitas. Ofrece al mundo su don y su trabajo hasta que las tablas de un escenario se convierten en su realidad diaria. Es fiel a sí mismo y sobre todo, real. Billy Elliot se caracteriza por tener la valentía de ser quién es y de ofrecer aquello que lo hace único, diferente y arrollador. Podría haber renunciado a todo eso y haberse convertido en lo que los demás esperaban de él. Su felicidad, éxito personal y profesional, y su estar en contacto con su esencia es su ganancia. Si no se hubiera retado a sí mismo, ¿cuál habría sido su historia? ¿Cuánta su felicidad?

“Yo podría haber sido una excelente bailarina, si me hubiera formado” repite la abuela en cada conversación de manera incansable.
¿Qué quieres ser tú? ¿Estás en contacto con tu esencia? ¿Qué tienes para dar al mundo?
Hoy es un excelente día para despertar tu Billy Elliot.

Mi admiración a los bailarines y el arte de la danza. Vuestra disciplina, tesón y pasión son ejemplo para todos.

Miguel Ángel Alaejos.

6 comentarios
  1. Juan José
    Juan José Dice:

    Me encanta el enfoque que transmite este artículo. Sin duda todos nos dejamos llevar en ocasiones por lo que esperan los demás de nosotros, y descuidamos ser más honestos con nuestra esencia, con nuestra voluntad; no somos auténticos. Gracias por compartir esta reflexión, creo que hoy es un buen día para ponerme la bufandita de mi abuela, esa que me dicen que está tan pasada de moda y de colores estridentes, pero tan calentita y hecha con tanto amor 😉

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  2. Susana Trives
    Susana Trives Dice:

    Creo que dentro de todos nosotros hay un Billy Eliot, lo que pasa que muy pocos se dan el permiso de dejarlo ver. Si lo mantienen callado estarán en su zona de confort aunque lejos de su pasión, pero si lo dejan hablar…. Oh! Si lo dejan hablar es como abrir la caja de Pandora, todo empieza a moverse y a desestabilizarse porque te miran raro al no hacer y ser quien y como ellos quieren o esperan. La cuestión es que cuando te transformas en Billy Eliot ya no hay marcha atrás, cierras un camino y llegas a todo un territorio por descubrir y explorar donde aparecerán los miedos y las creencias limitantes que te harán pensar que elegiste el camino equivocado pero… Nada más lejos de la realidad, elegiste el camino de tu pasión, la pasión con la que vibras igual que Billy Eliot con la danza. Mil gracias Miguel Angel por regalarnos esta entrada al blog y recordarnos lo que es vivir con pasión a través de Billy Eliot.

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  3. Ayelén
    Ayelén Dice:

    Exacto, todos tenemos un Billy Elliot interno y no hace falta ser artista para descubrirlo o sentirlo. Cualquier sueño que late dentro de nosotros es un mensaje del universo diciéndonos: “ey, hazme caso, estoy aquí y quiero salir”.
    Como compartí hace poco en mi blog: Un don es como la mafia, si no le haces caso te persigue siempre.
    Hay que atreverse a romper con las barreras, con los prejuicios, y sobretodo, con el miedo.

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  4. José Luis Sáiz Pérez
    José Luis Sáiz Pérez Dice:

    Está muy bien pero me gustaría añadir que creo que no se trata de actos heroicos y extraordinarios. Se trata de vivir de la mejor forma posible y para ello es necesario una formación desde el punto de vista personal y desde que nacemos, en casa y a través de la familia, y educacional, en el colegio a través de profesores y tutores. Una formación que premie la singularidad y fidelidad a uno mismo. Estamos asumiendo como normal que hagamos estos actos “desobedientes” pero no siempre se puede por circunstancias o carácter. Eso es lo que socialmente debemos exigir.
    La película Billy Elliot es preciosa, te impulsa a creer que puedes conseguirlo y es estimulante pero es eso, una película. Que denuncia y nos sentimos identificados con nuestro héroe porque lo consigue y además como se trata de una ficción se convierte en una estrella solista de la danza, ni más ni menos.
    Hoy en todos los informativos del país ha aparecido la historia trágica de un adolescente vasco que no pudo soportar que las instituciones que regulan nuestras vidas no estuviesen a su lado apoyándole en esa identidad que él tuvo la valentía de asumir y defender.
    Todo se inicia por uno mismo pero también necesitamos un cambio de paradigma que nos deje ser.

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  5. Sara
    Sara Dice:

    ¡Qué alegría poder tener las cosas claras, sentir ese entusiasmo y necesidad como Billy Elliot!.
    Cuando somos pequeños no es normal sentir esa pasión tan fuerte. En cualquier caso y a cualquier edad hay que dejar que las personas que lo tienen tan claro sigan ese camino que sólo podrá llevarles al éxito, porque lo que se hace con tanta pasión sólo puede traer consecuencias buenas. Y los que no lo tienen tan claro tendrán que probar, investigar y averiguar qué les gusta y qué no les cuesta porque les encanta. En estos casos sólo cabe acompañar y apoyar.
    ¡Cuánto talento y grandes hazañas se habrá perdido la historia por no dejarse llevar por esa pasión y necesidad!.
    Gracias por el artículo.

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  6. Montserrat
    Montserrat Dice:

    Muy cierto, Billy Elliot no solo desarrolla el arte de la danza, sino además el valiente arte de ser “él mismo”. Muchas veces nos ganan la presión social, las expectativas de los demás y el deseo de “pertenecer”. Pero lo único que conseguiremos es lo contrario: aislarnos emocionalmente del mundo que nos rodea por la amargura de no estar felices con quienes somos; así que nadie gana nada. Primero hay que escucharnos y querernos a nosotros mismos; eso ya vendrá acompañado (fluidamente y sin tener que forzarlo) de la aceptación de quienes SINCERAMENTE se interesan por nosotros y nos quieren tal y como somos.
    Gracias por el artículo, una buena reflexion!

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